viernes, agosto 14, 2009

Elementales IV

Sus pasos hacían crujir la vegetación seca. Cada tanto, las enredaderas le atrapaban un pié y lo hacían trastabillar. Debía tener mucho cuidado con las espinas de las enredaderas, que parecían filosas. Estaba cansado. Muy cansado.
Se desplomó en el suelo luego de alcanzar la cima de la loma. Horrorizado, vio ante sí cientos de lomas iguales a la que acababa de subir, extendiéndose hasta el horizonte.
-Bueno, es todo por hoy. Tal vez mañana esto luzca mejor.
Ya se había acostumbrado a hablar solo. La Irrealidad estaba realmente poco poblada. En las dos semanas que llevaba caminando, sólo había encontrado un pueblo de pocos habitantes, y algún que otro personaje errante. Había recorrido un largo camino en ese tiempo.
Su estado anímico cambiaba tan frecuentemente como el paisaje. Por momentos se sentía protagonista de una gran aventura, una travesía llena de propósito, en busca de algo fundamental. En otras ocasiones, sin embargo, se sentía abandonado, perdiendo el tiempo, y exponiéndose a una muerte segura en un paraje desolado de la Irrealidad, preguntándose si verdaderamente alguien en la Realidad se percataría de su ausencia.
Justamente se encontraba en uno de esos momentos al echarse a descansar sobre la colina. El sol ya se había ocultado tras el horizonte irregular, pero todavía persistía una claridad verdosa en ese lado del firmamento.
Sacó una vasija metálica y una lámpara de aceite pequeña de la mochila. Revolvió uno de los bolsillos de su abrigo hasta encontrar un cubito verde oscuro. Lo calentó en el cuenco hasta fundirlo, y lo bebió de a pequeños sorbos, acompañado con un trozo de pan.
-Bueno, como si esto fuera poco, me estoy quedando sin provisiones. ¿Serán venenosas las enredaderas?
Mientras terminaba el trozo de pan, por mera costumbre sacó de la mochila el amuleto que le había dado Migápoda. Hasta el momento, la piedrita verde de la luz de Kotara se había mantenido tan opaca como el día en que la recibió. Pero esa tarde algo había cambiado.
Al principio pensó que era su imaginación. Si realmente el cristal estaba brillando con luz propia, lo hacía muy tenuemente. Encerró la piedra entre sus palmas y acercó mucho un ojo, cerrando el otro. Sintió un vuelco en su interior: allí estaba la luz. Lánguida, por momentos desaparecía para volver luego de un rato, palpitando débilmente.
Empezó a girar salvajemente la cabeza a un lado y otro buscando una señal, algo que delatara la presencia de los Elementales. Pero las colinas lucían igual de muertas que antes.
-¿Qué hago? ¿por dónde busco?
Bajó corriendo una colina, para subir otra, y otra, y otra. La luz no cambiaba; continuaba fluctuando, casi imperceptible. Tan desesperado estaba, que se había olvidado de sus piernas, que no podían continuar sosteniéndolo por más tiempo. Tropezó en una ladera, y rodó sobre las espinas, que cortaron su piel una vez, y otra, y otra, hasta detenerlo.
Ya no tenía voluntad para moverse. Las lágrimas de frustración nublaron la imagen de Kotara, que pendía de una rama delante suyo. Estaba vencido. Tendido sobre la densa enredadera durmió, sostenido por las espinas clavadas bajo su piel.

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lunes, junio 08, 2009

Elementales III

Un agudo dolor en la nariz lo sacó del sueño ligero que había finalmente alcanzado. Al abrir los ojos vio un pequeño ser no más alto que un pie normal, de piel roja y azul, que lo pellizcaba con una manito de uñas afiladas.
-¿Eh? ¿qué pasa?
El individuo sacó un papelito de un morral minúsculo y se lo ofreció.
-Migápoda te espera- leyó en vos alta. -Gracias!-
El tipejo saludó con unos ademanes raros y salió corriendo de la choza.
Tardó unos segundos en recomponer su situación, y en recordar todo lo que había sucedido el día anterior. Realmente parecía como si hubiera pasado toda una semana.
Se incorporó lentamente estirando uno a uno sus miembros para disipar el dolor. Dormir acurrucado en el reducido espacio de la choza tuvo sus consecuencias. Tenía frío, y sentía que había absorbido toda la humedad del suelo. Salió al encuentro de la mañana violácea y brumosa, y se dirigió a la fogata más cercana, justo el lugar donde Migápoda había aparecido la noche anterior.
Vio acercarse un cuenco desde quién sabe dónde, conteniendo un espeso líquido verde. El cuenco se detuvo a su lado. Al levantarlo encontró debajo otra anastimacta azul y roja, que luego de una pequeña reverencia volvió por donde había venido. El líquido tenía gusto a flores viejas, pero no le importó: al menos estaba caliente.
Tal como había sucedido antes, Migápoda surgió repentinamente del suelo, envuelto en una nube de polvo.
-¡Buen día viajero!, confío en que pasaste una buena noche...
-Ssssi, gracias.
-Bueno, mientras disfrutás tu lajbajek, te cuento las novedades. Hablé con mis superiores, que consultaron por tu caso. Las noticias no son las mejores.
Sintió cómo el menjunje ya tibio se anudaba en su garganta.
-¿Q... qué pasó?
-Las salidas a la realidad están cerradas. Lo que sospechábamos ayer es un hecho.
-Y... ¿y yo qué hago?- dijo con desesperación
-Bueno, hay dos alternativas: una es que te quedes aquí con nosotros. En Pliconio te recibiríamos con los brazos abiertos.
No sin espanto miró a su alrededor. Habiendo llegado de noche y cansado, casi no había reparado en el aspecto de Pliconio. Diversas criaturitas correteaban entre las chozas, chocándose entre sí y cayendo al suelo, embarrándose, y volviendo a incorporarse para seguir. El aroma era francamente penetrante, parecido al de un establo... uno sin mantenimiento regular. Las pequeñas residencias, cuyo confort ya había experimentado, se extendían grises haciendo juego con el opaco cielo de la mañana. La perspectiva de vivir en el pueblito no era muy alentadora.
-Estoy muy agradecido con ustedes, realmente aprecio la oferta. Y... ¿cuál es la otra alternativa?
-La otra opción es la más difícil. Podés apelar directamente a los Elementales.
-¿Quiénes son los Elementales?
-Son quienes gobiernan la Irrealidad. Mis superiores me dijeron que si encontrás a los Elementales, tal vez escuchen tu caso y te ayuden a volver.
-¿Si los... encuentro?
-Si. Los elementales son muy... elusivos. Muy pocos los han visto. Sería un privilegio para vos poder hablar directamente con ellos. Se te concede que los busques por lo especial de tu situación.
-¿Y cómo hago?- sentía que su desesperación sólo podía crecer.
-Es una travesía difícil. Por eso te dije que es la alternativa más complicada. Nosotros te vamos a proveer de lo que necesites, y seguramente en el camino encuentres otros pueblos tan hospitalarios como este. Pero vas a estar mayormente solo. Tendrás que atravesar grandes extensiones de la Irrealidad, y te digo sinceramente, muchas veces sin un rumbo definido. Y cuando sea el momento... ehem, y con un poco de suerte, podrás hallarlos... bueno, tal vez a uno de ellos... ojalá... esto... sí.
Migápoda parecía realmente contrariado, como si se compadeciera de su situación.
Con un gran suspiro dijo:
-Bueno, a buscar a los Elementales, entonces.
-S... ¿seguro?. Viajero, nosotros te recibiríamos en Pliconio sin inconvenientes; es más, sería un honor. En poco tiempo te adaptarías a la buena vida que llevamos aquí. Pensalo un poco al menos, ¿sí?.
Era evidente que Migápoda consideraba muy difícil que él encuentre a los Elementales. Pero no podía dejar que eso lo descorazone. Quería volver sí o sí a su casa, y esa era la única forma. Mientras hubiera esperanza de volver, haría lo que sea.
-Sinceramente te agradezco Migápoda, pero realmente deseo volver a casa. No importa cuánto tenga que buscarlos, voy a hablar con los Elementales. Ahora, necesito que me digas por dónde empiezo, y cómo son... cómo puedo identificarlos.
-Está bien, comprendo -dijo Migápoda con cierta resignación-. Los Elementales son los regentes de la Irrealidad, cuatro pilares que nos gobiernan, y a la vez, que sustentan parte de la Realidad. Probablemente sus nombres te resulten conocidos. Allí los llaman Aire, Tierra, Fuego y Agua.
-Entiendo.
-Aquí los vemos de una forma, y en la Realidad se ven de otra. Se pueden manifestar de muchas maneras. Pueden soplar, caer del cielo, elevarse, extenderse, filtrarse, o tal vez los podés encontrar por un sendero, caminando.
Con desazón se imaginó a sí mismo deambulando eternamente por grandes llanuras, persiguiendo al viento, hablándole a una fogata y preguntándole a la gente en los caminos si son el agua.
-Y... ¿cómo hago, Migápoda? ¿qué voy a hacer?- dijo echándose de bruces en el suelo.
Migápoda parecía pensativo. Luego de unos momentos de silencio, le dijo en voz baja:
-Te voy a prestar algo, pero no le digas a nadie, ¿sí?.
El cuerpo de Migápoda se revolvió un poco, y desde su interior extendió una raíz con un pequeño objeto en la punta.
-Esta es la luz de Kotara.
Tomó entre sus manos el objeto. Era un pendiente hecho de algo similar al oro, con un cristal geométrico verde en la punta.
-Las autoridades le dan la luz de Kotara a aquellos que asumen como gobernantes de una región. Es algo solamente ornamental, pero tiene una curiosa propiedad: cuando las fuerzas elementales son intensas, comienza a brillar.
Maravillado, examinó el pendiente por todos lados, exclamando:
-¡Muchas gracias Migápoda!
-¡Shhh! ¡no la muestres!. Supuestamente, nadie excepto los gobernantes pueden llevar la luz.
-No sabés cuánto te agradezco esto. Ahora tengo esperanzas de volver a casa. ¡Gracias!
Hubiera jurado que el montículo de piedras y tierra sonreía.
-Bueno, no es nada, sólo trato de ayudar. ¡Devolvémelo cuando termines! ¿eh?.
-Si, por supuesto. Ahora perdoname, pero quiero salir a buscar a los elementales ya mismo.
-Bien, bien, no te demoro más. En la choza vas a encontrar las provisiones que te armamos para que comiences tu viaje.
-¿Sí? ¿tan pronto? pero...
-No te preocupes viajero; traté de disuadirte, pero supe desde el principio que nada iba a impedir que vayas tras los Elementales. Después de todo, saliste a buscar una respuesta y llegaste hasta aquí, ¿no?.
Sin esperar una contestación Migápoda se hundió nuevamente en el suelo, diciendo con voz cada vez más débil:
-¡Suerte viajero! ¡Los mejores augurios!.
Otra vez solo, pensando en la última frase de Migápoda, miró el pendiente verde en su puño. Lo puso en un bolsillo del pantalón, y con paso lento pero decidido se dirigió a la choza a buscar las provisiones.

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jueves, marzo 12, 2009

Elementales II

La creciente oscuridad le hacía cada vez más difícil seguir al gnomo a través del pastizal. Sólo podía guiarse por los sonidos y por el movimiento de los largos pastos. Justo cuando empezó a preguntarse si el gnomo sabría lo que estaba haciendo, fue sorprendido por un abrupto sacudón. Había alcanzado un punto en el que la vegetación daba paso a un barranco de cerca de tres metros, con una pendiente nada desdeñable. Rodó por ella sin ninguna restricción. Se incorporó con lentitud, mientras agudos dolores le arrancaban igualmente agudos quejidos. El gnomo, entre risas, le dijo:
- ¡Llegamos! bienvenido a Pliconio, casa de farabudíes y astanimactas. Y claro, fantásticos gnomos como yo. Vamos, te muestro dónde vive Migápoda así hablás con él.
- Bueno, gracias. ¿Quién es Migápoda? ¿otro gnomo?
Riendo nuevamente, el gnomo le contestó:
- No, no. Para nada. Esperá, ya lo vas a conocer.
Pliconio era escencialmente una pequeña aldea de casitas de paja. Varios fogones, ubicados en plazoletas formadas por claros entre las casas, ahuyentaban la oscuridad de la recién caída noche. Las chozas variaban bastante en tamaño, aunque todas conservaban una forma vagamente circular. De algunas de ellas surgían rostros llenos de curiosidad, algunos parecidos al del gnomo, otros más extraños.
- Bueno, llegamos- dijo el gnomo.
- ¿Acá es?
Se hallaban parados en una de las pequeñas plazoletas, en la cual sólo destacaba un fogón y un par de transeúntes, tal vez farabudíes, tal vez astanimactas, que al pasar miraban disimuladamente al dispar equipo.
- Si. Esperá un ratito, que enseguida sale.
El gnomo dio media vuelta y emprendió la marcha.
- ¡Esperá! todavía no te dí las gracias por ayudarme. ¡Ni siquiera sé tu nombre!
Mirando por sobre su hombro y saludando apenas con una mano, el gnomo dijo:
- No hay problema, mi nombre es Glohkpf, ¡hasta luego!
- ¡Muchas gracias... eh... Glof! Yo me llamo...
- No me interesa, gracias- le contestó el gnomo a la distancia, ya perdiéndose entre las casitas.
Se sentó en el suelo, cansado, y cada vez más habituado a la sensación de desconcierto que le provocaba todo en este lugar. Apoyó la cabeza en el suelo, recostándose de lado y perdiendo la mirada en las llamas de una fogata. Pasaron varios minutos, durante los cuales retomó las preguntas que lo perseguían desde que tomó el primer tren. ¿Qué es este lugar? ¿estoy acá por una razón? ¿por qué no pude volver a casa con mi respuesta y listo?.
Una nube de polvo lo sacó de su ensoñación. El suelo comenzó a vibrar a unos centímetros de donde estaba su cabeza, haciéndolo retroceder alarmado. De la creciente polvareda empezaron a asomar retorcidas raíces, y objetos semejantes a rocas. La vibración cesó, y cuando el polvo se disipó un poco, pudo ver una pila de tierra, piedras y raíces de unos dos metros de ancho, y no más de medio de alto. Con cautela se acercó a examinar la pila, que había surgido sin previo aviso del mismo suelo. Grande fue su sorpresa cuando se abrió un hueco en la misma, que dejó escapar una áspera voz:
- Buenas noches viajero
Cayendo sentado por el sobresalto, alcanzó a responder trémulamente:
- Hola... ¿Migápoda?
- El mismo. Soy el administrador de esta región, te doy la bienvenida. Escuché que estás perdido.
- S... sí. Vine de la realidad. En tren. Y cuando estaba volviendo a casa el tren se averió y, bueno, terminé aquí.
- Supongo que querés saber cómo volver a la realidad
- Si fueras tan amable...
Migápoda suspiró un suspiro de polvo.
- No va a ser tan sencillo, me temo.
- ¿No?- preguntó con verdadera preocupación
- Es un asunto complejo. Hubo una época en la que era más fácil, pero bueno, no es casual que hoy en día el tren esté en tan mal estado.
- ¿Cómo es eso?
- El tren casi no se utiliza. Ya nadie viene a la irrealidad. De hecho, no me sorprendería que fueses el último.
- ¿Qué?
- Si, hace bastante que circula el rumor de la decomisión de FFII.
- ¿Perdón?
- Ferrocarriles Interrealitarios.
- Ah
- La gente de la realidad ya no visita estos lugares. Están muy preocupados con sus cosas de allá. Nunca fueron grandes turistas, pero últimamente parece que se hubiesen olvidado del todo de nosotros.
- ¿Y por qué querrían venir? Es decir, ¿qué hay acá?
- ¿Vos por qué viniste?
- Viene a hacer una consulta a la Oficina de Informaciones Varias. Pero no sabía mucho de la irrealidad.
- ¿Y cómo llegaste entonces?
- Bueno, a mí me explicó mi abuelo. Me dijo dónde se tomaba el tren. Me dijo que tenía que esperar. Yo necesitaba una respuesta y esperé. Finalmente el tren vino, y bueno, el resto ya lo sabés.
- Ahh, se ve que tu abuelo es uno de los pocos que todavía se acuerdan. ¿Y no te contó nada más de la irrealidad?
- Bueno- dijo con el rostro ensombrecido por la tristeza- en realidad no me lo contó en persona. Lo encontré en unos escritos que dejó. Él falleció hace varios años.
- Ya veo, ya veo. La irrealidad... no sé como explicarte. La irrealidad es tan real como irreal es la realidad.
- ...
- Ehm, a ver... Todo lo que ves aquí son los bastidores de la realidad.
- Ustedes... ¿dan forma a nuestro mundo?
- No exactamente. Nosotros... orquestamos algunas cosas. Dirigimos, movemos, controlamos, ayudamos. Digamos que trabajamos para que algunas cosas de su mundo sean como son.
- ¡Ah, ya se! como el cosechador de inconformidades, ¿no?.
- Claro, los cosechadores mentales son un buen ejemplo de eso... mmh, hablando de todo un poco Racúl todavía me debe seis melones azules... En fin, con eso te das una buena idea de cómo son las cosas aquí.
- Creo que voy entendiendo
- Sin embargo, eso no es todo. La realidad también funciona como bastidores de la irrealidad. Ustedes, más o menos conscientemente, trabajan para nosotros.
- ¿Cómo?
- Este lugar está soportado por sus mentes y sus cuerpos. Y hasta me atrevería a decir, sus tierras.
- Sigo sin entender
- Nuestros mundos están apoyados espalda con espalda. Es difícil de explicar, con eso debería bastarte. No pueden existir el uno sin el otro. El problema es que no es estrictamente necesario que los habitantes crucen de un lado al otro. Es... saludable, pero no imprescindible. Y la gente de la realidad perdió el interés en este lugar. Creo que pronto ya nadie sabrá de su existencia.
- ¿Y qué va a pasar?
- No mucho. Por nuestra parte, el trabajo será un poco más difícil. No tendremos intercambio, no será tan fácil saber qué está bien y qué está mal. Como consecuencia su mundo se volverá un poco más torpe, más adormilado... menos interesante.
- ¿Se puede hacer algo al respecto? ¿podría volver a la realidad y explicárselo a todo el mundo?
- Es poco probable que te crean. Además, no podrías traer a nadie para que lo vea.
- ¿Por qué?
- Me extraña que justamente vos preguntes eso
Aguardó con cautela la respuesta de Migápoda, aunque ya tenía una idea de lo que diría.
- Venir a la irrealidad no es simplemente tomar un tren, ya te lo habrá dicho tu abuelo.
La sola mención de se querido abuelo le producía un vacío en el pecho.
- Para venir aquí la mente tiene que estar preparada. Tiene que estar abierta al hecho de que no todo es lo que parece, y que hay cosas que escapan a su realidad, tan concreta, tan fáctica...
No le sorprendía lo que decía Migápoda. Toda su vida había sido así. Con la cabeza un poco en las nubes.
- Y por sobre todas las cosas, para venir a la irrealidad hay que tener curiosidad. La sed de conocer. Si no me equivoco, sabés de lo que hablo. Después de todo, vos llegaste acá buscando una respuesta.
Migápoda tomó su silencio como una respuesta afirmativa.
- Bien. Es tarde, podés descansar en la choza a mi derecha, ahí encontrarás algo de comida también. Dejame investigar un poco, y mañana hablaremos de qué podés hacer para volver a tu casa.
- Muchas gracias Migápoda.
- Descansá, nos vemos aquí mismo mañana por la mañana. Te mando un anastimacta para que te despierte. ¡Buenas noches!
Tan súbitamente como apareció, Migápoda se enterró envuelto en una nube de polvo, dejando el suelo tal y como estaba antes.
El interior de la choza apenas tenía espacio para un montoncito de heno, una fogata y unos cacharros. Encontró una pequeña olla con una especie de guiso amarillo, de muy buen aroma. Comío con ganas, a pesar del sabor un tanto ajeno de la comida. Se acomodó como pudo en el suelo, y mientras el sueño lo vencía, las palabras de Migápoda resonaban en su cabeza. Una respuesta... había venido a buscar una respuesta, y la obtuvo en la Oficina. ¿Por qué no podía volver a casa?.

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jueves, febrero 05, 2009

Elementales I


Faltaba sólo una estación para llegar a la realidad. Los fogonazos blancos estaban casi extintos a los costados de la vía, y los pastizales pasaban lentamente del púrpura al verde. El cosechador de inconformidades lo había dejado pensativo. Tal vez por esa razón la frenada abrupta del tren lo tomó tan de sorpresa. Su cabeza chocó con el asiento de adelante y el latigazo lo lanzó rodando por el pasillo. Desconcertado y dolorido, se incorporó para observar por la ventanilla. Todo estaba quieto, pastizales amarronados y llamitas blancas por doquier. Sólo se escuchaban las chicharras, y el ocasional graznido de un ave.
No había nadie el el vagón. Sacó la cabeza por la ventanilla para ver si encontraba alguien a quien consultarle lo sucedido. Nadie afuera tampoco. En realidad, la única persona que había visto en el tren era el pequeño cosechador. Rumbo a la locomotora atravesó vagones igualmente desiertos. Allí tampoco encontró signos de actividad reciente, cosa que le resultó muy extraña.
-¿Hola?... ¡hola!... uf...
Bajó del tren de un salto, y miró en todas las direcciones.
-Bueno, supongo que si camino por la vía en el sentido que llevaba el tren, en algún momento llegaré a la realidad... en fin.
Resignado comenzó su marcha, pisando sobre los durmientes de madera grisácea. Le llamó la atención lo familiar que le era el paisaje. Ignorando las coloraciones extrañas y los fogonazos, podría haber sido cualquier campo llano de la realidad. ¿No se supone que tiene que ser irreal este lugar?. ¡Qué grado de detalle! hasta había óxido en los bulones de la vía.
Nunca le habían explicado concretamente qué era la irrealidad. Sólo sabía que allí se encontraba la Oficina de Informaciones Varias, y qué tren debía tomar para llegar.
Enfrascado largamente en estas reflexiones, no advirtió que los carteles al costado de la vía ya no mostraban los kilómetros restantes hasta la realidad. En su lugar se veían signos desconocidos, que cartel a cartel se volvían más extravagantes. Cuando reparó en esto ya había caminado una considerable distancia. No tenía otra opción que seguir.
Un rato más tarde divisó algo en el horizonte. ¿Sería la estación?. Los alrededores no parecían mucho más reales que antes. Por el contrario, los fogonazos aparentaban ser más altos.
Grande fue su desconcierto al acercarse y adivinar la forma de la locomotora. Se trataba del mismo tren que había abandonado un par de horas atrás, pero acomodado en el sentido opuesto al que llevaba.
-¿Qué significa esto? ¿para dónde queda la realidad?- gritó frustrado, encontrando como única respuesta el sonido de unas aves espantadas levantando vuelo.
-Bueno, pensá, pensá. Es evidente que en esta dirección no voy a ningún lado. Voy a cortar por el campo, y eventualmente llegaré a algún lugar donde me sepan explicar cómo volver.
Respiró hondo y se internó en los pastizales, que le llegaban hasta la rodilla. Luego de varias zancadas comenzó a preguntarse qué tan buena había sido su idea. Al no divisar el tren mirando por sobre su hombro, comprendió que no tenía otra opción que seguir adelante.
El terreno blando cedía un poco a cada paso, haciendo agotadora la marcha. Las puntas de los largos pastos marrones pinchaban las partes expuestas de su piel, dejando una ligera comezón. Afortunadamente los insectos rojos que merodeaban no parecían capaces de picar. Los siseos extraños que cada tanto oía no ayudaban a calmar su creciente ansiedad. ¿Serán serpientes?. ¿Qué clase de veneno tendrán las serpientes en este condenado lugar?.
Entre fantasías de venenos ofídicos que lo llevasen a un mejor lugar lo sorprendió el violáceo crepúsculo.
-De noche y completamente perdido en esta llanura salvaje... este será mi fin- dijo en voz alta, compadeciéndose un poco a falta de algo mejor que hacer.
El alboroto del pasto en la cara lo despabiló un poco. Se hallaba en posición horizontal, con la nariz clavada en el barro. Algo lo había hecho tropezar. Maldiciendo, se levantó a buscar al responsable de su caída. A sus pies halló un pequeño cartel de madera removido de la tierra por el accidente, y que rezaba "Pliconio".
-Pli... ¿Pliconio?
-¡Sí! Pliconio. Y gracias por despatarrar el cartel, ¿eh?.
Sobresaltado, miró para todos lados buscando la fuente de la vocecita que lo había regañado. Inmediatamente identificó un ser de proporciones diminutas, sosteniendo un farolito aún más diminuto que él, abriéndose paso entre el pastizal. El rechoncho gnomo ni siquiera le llegaba a la rodilla.
-Eh... eh... yo... ¡perdón!
-Bueno, está bien, está bien. ¡Pero ahora ayudame a clavarlo de nuevo, caramba!
Diligentemente obedeció, enterrando el cartelito con facilidad.
-Ya está bien... Aunque sea serviste para algo.
-¡Ey!, te hice un favor, no creo merecer ese trato.
-"No creo merecer ese trato"... ¡bah!- se burló el gnomo, dándose vuelta para seguir su camino.
-¡Esperá, esperá!... Mirá, estoy perdido. Yo vengo de la realidad, el tren en el que iba se rompió y no sé como volver.
-¿La realidad?... ¿LA realidad?... ¿la REALIDAD?- Preguntó azorado el gnomo, cuyos ojos se habían puesto dos o tres veces más grandes que su tamaño original.
-Si... vine a hacer unos tramites y... bueno, ¿me podrías ayudar?
-La realidad... Mirá, yo no sé nada de eso, pero te puedo llevar al pueblo para que hables con Migápoda, que seguro algo te va a poder decir.
-Si, cualquier ayuda que me puedan dar me va a venir bien. ¡Gracias!
-Vamos, es por acá- dijo el gnomo, abriendo con sus manitas el pastizal en la dirección de la cual venía.
Agotado, emprendió la marcha detrás de su pequeño guía, pensando cuan agotada estaba ya su capacidad de sorpresa. Poco le importaba. Mientras que le indicasen cómo volver a la realidad, todo iba a estar bien...

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jueves, abril 24, 2008

Amor

Estar solo. Veredas, alambre por tramos. Una fuerza subyacente, que tira y borronea la imágen hacia todos lados, pero llenándome de las proverbiales mariposas. La noción de familia tipo, de futuro, de ocho horas laborales, seguro, fondos previsionales, nietos y lecho se deshace, se deshace de pensarlo, como a veces se deshace un chicle en la boca, en un instante, inexplicablemente. El temor a llevar una vida gris desaparece cuando estoy cerca tuyo. Y no porque dependa de vos para no llevar una. No, no, no, no es eso. Es que me inspirás a no querer llevarla, a decir que no, a aceptarme y a reconocer-me. Y no es que te deba algo, es que simplemente yo te lo quiero dar.
Sos una grata sorpresa. Sos todo un tema. Sos mil preguntas y una respuesta.

viernes, abril 04, 2008

Péndulo

Sentado a lo indio en un almohadón, sostenía el péndulo con las dos manos. "¿Qué más da?", se encogió de hombros y soltó el extremo, dejando que la oscilación comience. El roce del aire, el roce en el eje. Si no fuese por ellos, el péndulo jamás se detendría.
...Swishhh, para un lado
...............swishhh, para el otro
...swishhh, para un lado
...............swishhh, para el otro
los pensamientos, apaciblemente, como ganado, se acomodaban en fila.
...Swishhh
ayuda?
...............swishhh
no necesito ayuda
...swishhh
pero estoy mal
...............swishhh
no me puedo reponer
...swishhh
lastimo
...............swishhh
no quiero más
...swishhh
pero lo hago de nuevo
...............swishhh
me lo señalan
...swishhh
me lo señalo
...............swishhh
¿qué hago mal?
...swishhh
estoy cansado...
...............swishhh
cansado...
...swishhh
.............swishhh
....swishhh
..........swishhh
.....swishhh
.......swishhh
....
La cadenita se le escurrió de la mano, y el péndulo cayó con un golpe seco. Agachó la cabeza, apretó los ojos y recorrió las raíces de sus cabellos con las yemas de sus crispados dedos.
El roce del aire, el roce en el eje. Si no fuese por ellos...

miércoles, febrero 27, 2008

Vacío

Siempre intenté imaginar la nada. El vacío absoluto, la ausencia de todo, incluso la ausencia del vacío, de una negrura infinita. Invariablemente al acercame más y más, una sensación sobrecogedora se apodera de mí. Lo mismo sucede al intentar imaginar lo infinito. Y se me ocurre entonces que hay ciertas cosas que no me están permitidas. No digo nos porque tal vez a mucha gente sí le entre en la cabeza, y le parezca sencillo hacerse semejantes representaciones, o simplemente -en la cepa más sana- no le interese hacerlo. A mí no se me permite imaginar la nada.
Tampoco puedo vaciar el contenido de mi cabeza y desparramarlo en el suelo para ordenarlo, como si fuese una bolsa de juguetes. Pero eso no tiene que ver con una prohibición ontológica, o una barrera divina. No, no. Eso es una pequeña herramientita de la desidia. El mismo planteo otra vez. Entonces se me da por sentirme una piedra que hay que arrastrar. Y por ahí me hincho las pelotas, y quedo cansado, pero no alcanza nunca, ¿no?. No te desesperes, pero tampoco te dejes estar. Oh, well...

miércoles, febrero 13, 2008

Así

Durante la noche, pero todas las noches.
Y durante todo el día tambien.
Y este viernes.
Y en el futuro.
Y en el pasado, tal y como fue.
Nunca más nos avergoncemos.
No le debemos nada a nadie.

martes, enero 22, 2008

Reprise

A veces uno cree estar haciendo lo correcto. Incluso a pesar de que eso vaya en contra de los propios sentimientos. ¿Está bien? ¿está mal?. Difícil de decir. Lo bueno es que algunas veces, con el tiempo, las cosas se acomodan en su lugar.
Este es un post que borré cuando creí que tenía que dejar de lado lo que sentía por P.S., cuando decidimos dejar de vernos. Afortunadamente las cosas se acomodaron. En el interín dije y desdije esto sobre ella:

Conocer

Hoy no había post. De veras. Pero me pierdo en palabras, palabras, palabras que bajan en espiral y se borran.
¿Conocer? ¿A quién querés conocer Damián? ¿Dónde quedaron tus firmes convicciones adolescentes? "Estamos solos, es imposible conocer realmente a alguien", "la gente no cambia" y, uff, "el tiempo no existe". ¡Que transitividad!. Alguien te desconoce por tus palabras, y vos a la vez querés conocer por otras.
"Estás distinto". Hell yes.
Quiero conocer (te) quiero conocer.
Me quiero comer tu vida como un pacman. Para saber. Porque sigo siendo el mismo enfermo que decía que no se puede conocer a alguien, pero lo decía con resentimiento, y esperando que no fuera así. Ya sé que no es necesario, pero es casi un vicio. Y no puedo tomarlo en gotas, de a poco, como haría con una amistad.
Reaccioná, loco. No hay más que esto.

martes, enero 08, 2008

Cosecha


El cosechador de inconformidades vivía en la irrealidad. Lo conoció en su último viaje en tren, cuando regresaba a la realidad entre fogonazos blancos y pastizales púrpuras, luego de su consulta en la Oficina de Informaciones Varias.
Era un hombre pequeñito, de manos rurales, pelos y rala barba blanca, y de expresión serena y cansada. El diálogo fue corto, el cosechador no se dirigía a la realidad; se bajó en una pequeña estación en el medio de un extraño campo.
La memoria del cosechador era de algún modo laxa. Creía provenir de una región remota de la irrealidad, una tierra de agricultores donde los aljibes proveen plata líquida, buena para fertilizar.
Había trabajado tanto tiempo en esta zona, que ya no recordaba bien su tierra natal. Además, claro, su memoria se veía seriamente afectada por su trabajo: el cosechador levantaba inconformidades.
"Verás, las inconformidades son como un veneno. Las corto, las guardo en mi bolsa, pero siempre algo queda en las manos".
El cosechador recorre la parcela y corta las inconformidades de la gente de la realidad, pero nunca de raíz. "Siempre vuelven a salir, siempre florecen... es ingrato".
Creyó entender que es un trabajo de equilibrio. La gente, sin sus inconformidades no querría hacer nada. Y si las inconformidades creciesen desmedidamente, consumirían todos los nutrientes y secarían todo alrededor. No estaba seguro de que el hombrecito coincidiese. Para él sería mejor que desapareciesen.
¿Quién lo hubiese dicho?. Todavía le quedaba algo para aprender de su corto viaje a la irrealidad. El tren paró en la pequeña estación, y el hombrecito se alejó con pasos cortos, sacando sus herramientas del morral, en dirección a los surcos plagados de cabezas humanas de plástico, que ya dejaban asomar pequeñas plantitas azules en inflorescencia.

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martes, diciembre 04, 2007

Up

Live up. Hope i can live up to it.
Porque me cuesta. No quiero hacerme la víctima pero me cuesta. He cagado la cosa varias veces antes. Pero ahora de veras que no quiero. Hacerse cargo de uno es lo más difícil.
Y que ella se haya tomado el trabajo de puntualizarlo, de decirme "¡pero mirá lo que estás haciendo!" es una bella concesión que de veras no merezco. Pero realmente quiero hacer que esa haya sido la última vez. Los dos merecemos que esa haya sido la última vez.
Por lo demás, it's getting better all the time...

martes, noviembre 20, 2007

Historia


- "Contame un chiste... o una historia, o algo"
Ella jugaba perturbando la superficie de la laguna con el dedo gordo del pié. El muelle se pudría en algunas partes, pero donde estaban sentados la madera aún era fuerte.
- "Siempre me olvido los chistes que me cuentan... el del tipo que va al kinesiologo y le pregunta si va a perder la pierna ¿te lo dije?"
- "ah si, está bueno" -dijo ella, con mirada ausente, y dejando escapar una brisa entre sus dientes por risa. -"Contame una historia, ¿sí?".
El se lamió los labios resecos y miró la sombra que se alzaba al otro lado de la laguna. La noche era oscura, pero las estrellas delataban la silueta de la sierra. El aire fresco de la noche le dio algo de valentía. La miró y se sintió estúpido por enésima vez. Ella tenía ese raro efecto sobre él.
- "Se cuenta que los antiguos habitantes de la Atlántida..."
Ella dejó escapar un ruido nasal, evidencia de que contenía la carcajada.
- "¿Queeeeé?"
- "¡No, no, nada! perdón, seguí por favor"
- "¿Pero de qué te reís?"
- "No, es que, no sé, no me esperaba que saltes con algo así, pero no importa, dale, me interesa, En serio"- Dijo, remarcando el final de la frase con una levantada de cejas que él difícilmente resistía.
Se acomodó en el listón en donde estaba sentado, sintiéndose aún más estúpido. Pero ya era tarde, debía continuar:
- "Se dice que los antiguos habitantes de la Atlántida conocían una práctica asombrosa, cuya ejecución se perdió con la desaparición de aquel continente. Mediante la ingestión de una cuidadosa selección y mezcla de hierbas psicoactivas, lograban disociar un buen número de las características constitutivas de la personalidad. Durante el trance inducido, estas características desarrollaban carácter propio, formando pequeñas personalidades separadas"
Ella había dejado de jugar con el agua, y si bien no lo miraba, era evidente que prestaba cuidadosa atención a sus palabras. Más seguro de sí mismo, continuó:
- "El trance podía durar varias horas. Normalmente el sujeto entablaba contacto con una de estas personalidades sólo durante algunos minutos. Sin embargo, se habla de casos excepcionales en los cuales se daban diálogos prolongados con varias de las personalidades en forma simultanea, incluso existiendo interacción directa entre ellas. Un verdadero concilio de la mente."
Ella comentó algo de manera vaga, que él no alcanzó a escuchar. Para no interrumpir el clima que estaba logrando formar siguió adelante:
- "Una leyenda en particular cuenta la experiencia de Pan, uno de los primeros derviches atlantes en experimentar algo semejante. Pan era mucho más joven que el común de los derviches. Su gran habilidad y su enorme voluntad le habían garantizado el respeto de la comunidad mágica de la Atlántida. Lo que pocos sabían, era que la fuerza que impulsaba a Pan a superarse continuamente no era otra que el amor.
Pan había obtenido los favores de la hija de un poderoso comerciante, que había sido el primero en establecer una ruta comercial marítima con las islas del Caribe. A los ojos de la sociedad dicha unión era natural y auspiciosa. Pero Pan sufría. Nunca había aprendido a ser feliz. Creyó que el amor lo iba a ayudar, pero sólo sirvió para exacerbar las pequeñas miserias de su personalidad. Pan no era mejor ni peor que cualquier hombre, pero no podía aceptar sus defectos. Pan sufría al ver cómo lastimaba a la persona que amaba con sus pequeñas maldades y mezquindades.
Nadie supo que el experimento de Pan provenía de la desesperación de querer conocerse, de querer cambiar.
Eventualmente halló la fórmula buscada: tres hojas más de piuccia verde macerada harían el truco. Se refugió una noche en una dársena del anillo externo, e ingirió su creación.
La piuccia había cumplido su cometido. Pronto se halló rodeado de los cuerpecitos de su personalidad, que se asemejaban a niños de ojos completamente opacos.
- De modo que vienes a buscar respuestas- rugió uno
- Mentiras, eres débil- rugió otro
Con sumo horror, Pan descubrió que no podía emitir palabra.
- Ahora no es el momento, nos escucharás- dijo otro con voz suave.
Habló el que había rugido primero:
- Soy tus celos, y me he comido tus ojos y tu corazón. Nadie me puede eliminar, y yo te haré infeliz por siempre. Tú me mereces, pues me alimentas con tu mezquindad.
Luego habló el de voz suave:
- Mi turno: yo soy tu inseguridad, y me he comido tu razón y tu corazón. Hay innumerables cosas que podrías alcanzar, pero nunca lo harás, porque yo te recordaré que eres defectuoso e indigno. Tú me mereces, pues me alimentas con tus prejuicios.
- Yo soy tu miedo: me he comido tu humor y tu corazón, y no te dejaré tranquilo nunca. Yo te recordaré que te pueden dejar de amar en cualquier momento porque eres pusilánime. Tú me mereces, pues me alimentas con tu desidia.
El otro que había rugido tomó la palabra:
- Yo soy tu orgullo, y me he comido tus manos y tu corazón. Gracias a mí eres infinitamente cruel con quienes te menosprecian, yo soy tu mejor amigo, tu mejor arma, yo les demostraré quién eres en realidad, y que contigo no se juega. Tú me tienes bien merecido, pues me alimentas con tu intolerancia.
Las lágrimas quemaban los ojos de Pan. La parálisis no tenía comparación con el sufrimiento que la causaba la crueldad a la que se enfrentaba.
Finalmente habló el más pequeño de todos, que había pasado casi inadvertido:
- Yo soy tu melancolía. Sólo me comí una parte de tu corazón. De mí surge la entrega, que confundes con amor. De mí surge el deseo de hacer bien, que confundes con devoción. De mí surge todo lo que crees bueno en ti, pero debes saber que mis móviles nunca son transparentes. Tú me mereces, pues me alimentas con egoísmo y con autocompasión.
Desencajado, Pan oyó la alucinación cúlmine, en la cual todos los aspectos de su persona corearon en una melodía rancia:
"Ahora que te conoces
ahora que te conoces
¿qué es lo que harás,
oh, qué es lo que harás contigo?"
La noche atlante se estremeció con el alarido que marcó el final de la experiencia. A las pocas horas Pan se ahogaba en la negrura del océano, llevado por la locura.
Tres días después se hallaron en la dársena los manuscritos finales de Pan, en los cuales había asentado tres cosas: el relato de lo acontecido durante la experiencia, la receta de la mezcla de hierbas que utilizó, y una enigmática reflexión final: "mi triste destino será evitado por aquellos que logren conocerse sin otras herramientas que el valor, la compasión y el amor en su más puro estado"-
Ella lo miraba absorta. La historia la había atrapado. El la miró con satisfacción y le dijo:
- "¿Te gustó?"
Abruptamente, ella soltó una carcajada, y sin dejar de reír le dijo con cierta ternura:
- "¡Sos un tarado!"
Le dio un beso en la mejilla y se fue a duchar.
Todo estaba como al principio. Miró la negrura de la laguna, la magnificencia de las estrellas, y sintiéndose a la vez tonto y feliz, se dijo que aún le faltaba mucho que aprender de la lección de Pan.

Vértigo

Y tan al alcance de mi mano. Sí quiero ser docto y versado, sí quiero entenderle siempre. Quiero ser la superficie de una manzana dorada, quiero estirarme sin roce todo a lo largo, y quiero ser la razón fundamental de algo, al menos. De una cosa, sólo una, en serio, prometo.
Quiero ser el enfermo que comente todo lo que dice, pero no me dejo, por una compostura que alguien (maldito sea, quien quiera que sea) me enseñó a guardar. "Sí, sí, sí" escucho en mi cabeza, como una marcha, como una procesión de soldaditos con botas y que sonríen. "Sí, sí, sí"
y yo temeroso "¿si? ¡nooo!, ¿en serio?, pero... pero... no puede ser!", pero los soldaditos son inexorables, y marchan, y dicen "Sí, sí" y cada tanto redoble en el paso y "sí Damián".
Me caigo (me mareo). "Get a grip, don't be so foolish, do not rush in" y yo me contesto con acento criollo "go fuck yourself".
Hubo sol. Estuve al sol. Y estuve pensando un rato, y me pareció que ya viví un montón de cosas. Ah, but i was so much older then, i'm younger than that now.

jueves, octubre 11, 2007

Sonrisa

Mientras bajaban por la calle paralela al río, él decidió profundizar en el tema cuya discusión habían soslayado:
- ¿Para qué quieren mi opinión? ¿Quién me califica a mí para juzgar el trabajo de otro? Ojalá pudiese mostrarte esta fotografía que se forma en mi cabeza, para que entendieras lo equívocas y difusas que pueden ser mis interpretaciones...
- No sé, quizás quieran que sirvas de disparador, que ayudes a mostrarle la punta del ovillo a los demás para que saquen sus propias condiciones... ¿Dije condiciones?, uf, quise decir conclusiones... ¡acto fallido!
El se frenó en seco.
- Escuchame, no sirvo para eso. No estoy muy bien de la cabeza, y dicho sea de paso, vos tampoco... y tal vez por eso me gustás.
Rieron.
- Bueno, pero eso ¿qué tiene que ver? - dijo ella, con la mirada perdida en el margen opuesto -El punto es que tenés que hacerlo, y vas a hacerlo muy bien, te lo aseguro.
Volvió a mirarlo a los ojos y desplegó una sonrisa, que asomaba tras el vapor de su aliento, y que prácticamente lo coaccionaba a darle la razón.
- Soy un imbécil - resopló.
Ella rió nuevamente
- A ver, ¿por qué?
-No... dejá.
No lo volvió a cuestionar. Ella tenía esa magnífica cualidad, que le permitía ignorar aquellas palabras que no vienen directamente del corazón.

lunes, septiembre 24, 2007

Idiotas

Somos idiotas, somos idiotas hermosos. Criados bajo la misma imaginería. Escuchando los mismos discos, y hablando de las mismas películas. Somos tontos inocentes, somos golfos agresivos, somos niños sensibles, somos drogatas tímidos. No entendemos el amor y lo comemos como chicle. Nadie nos enseñó, y lloramos, y estuvimos ahí, al borde. Lo escribimos, lo compusimos, lo pintamos y lo dijimos, pero nos pasó de nuevo, y otra vez más.
Nos cansamos, después nos repusimos, y nos volvimos a cansar. Entramos y salimos, nos conocimos, nos gustamos, nos quisimos, nos peleamos, nos reconocimos.
Somos idiotas hermosos, los tres, los cuatro, los cinco, los seis acaso.
No somos el signo de los tiempos, somos raros pero la zafamos, nos buscamos como hermanos, pero nos rechazamos como idiotas que somos. Y a pesar de todo tenemos miedo a que nos rechacen. Y los vemos a los demás tan articulados, tan aceitados y decimos "yo también", y lo intentamos, y, de nuevo, la zafamos bastante bien. Pero nosotros no, no somos así en realidad. Somos idiotas. Somos idiotas hermosos.

martes, septiembre 11, 2007

Flores

Entre lirios, y nomeolvides, calas y dientes de león, arrastrando las manos sobre los pétalos. Así andaba, con pasos temporizados y pausas. Las flores eran suyas. Las flores cuyo nombre nunca conoció, ésas eran para él. Con tiras de pasto de puntitas dobladas, que lo rozan y murmuran.
Las flores, como una descarada alegoría, eran para él.
¿Cuánto tardarían en pincharlo bajo la piel? ¿cuál sería la medida justa? ¿cuánto tardaría en necesitar palabras desesperadamente si decidiese recostarse ahí por tiempo indefinido?. Asir una idea le costaba muchísimo. Quién sabe si será el polen. Se sentía ante todo muy holgazán, no podía concentrarse en entender su propia disfunción, o lo que lo había alejado del pueblo. Ni siquiera por su propio bien.
De pronto se le antojó que no merecía aquellas flores de insolente belleza. Le pareció muy adecuado acostarse boca abajo sobre la vegetación, permitirse la infracción, y permitir incluso que un pastito se le introduzca en la nariz. Que el humus le humedezca la camisa, y adivinar el movimiento de algún insecto. Se desorientó, de a ratos se concentró en respirar, y de forma errática bocetó algunos pensamientos.
Se arrodilló al fin, y con las manos en la falda contempló las dalias que había aplastado con su peso. Su interior se encendió como un fósforo, pero no más que eso. Las conclusiones se le escapaban, nuevamente. Pero al menos había logrado evadir algunas horas de responsabilidad. Las flores -se mintió- no le importaban mucho.

martes, julio 31, 2007

Pragmatismo

La gente que trabaja conmigo es pragmática. Ellos hacen las cosas con determinación. Y usan sólo las palabras que necesitan. Es decir, tienen un vocabulario aceptable, pero sólo contiene las palabras que les sirven para algo. Me da la sensación de que no perderían el tiempo en otras.
Y no son exigentes estéticamente. Prolijos, si, es condición sine qua non. Pero creo que la belleza no les interesa. Todo esto no lo digo despectivamente. De hecho el más repudiable soy yo, que al final no estoy ni de un lado ni del otro...

jueves, julio 19, 2007

Consulta


Se tomó un tren hacia la irrealidad, como primera medida. Apeló a su capacidad para encontrar el camino hacia ese paralelo, donde la vida se ve como desde bastidores. Ese viaje de fogonazos blancos, cuyo comienzo nunca es claro, culminó en la vereda frente a la Oficina de Informaciones Varias.
El amplio salón central bullía de gente transportando papeles y objetos extraños. Las columnas jónicas se alzaban a los lados llegando hasta el techo abovedado, que se ocultaba tras tenues nubes. Sacó número. 54364. El enorme contador de rodillos que se alzaba sobre las ventanillas en frente suyo estaba fijo en 00017, y no parecía tener intenciones de moverse. Faltaba mucho.
¿Qué más remedio?. Se sentó en una silla de imitación cuero negro, última de una fila interminable que se perdía hacia la nave oeste del edificio. A su lado, un anciano movía lentamente la cabeza de arriba hacia abajo, con las manos descansando sobre un bastón de caña.
- ¿Emm, hace mucho que espera?
- ...
- ¿Señor?
- ...
Dándose por vencido, decidió simplemente aguardar. Veinte minutos después la impaciencia lo pudo, y se dirigió a la primera ventanilla libre.
Una mujer de mediana edad y rodete lo observaba desde el otro lado del vidrio. Al verlo acercarse colocó un cartelito en el orificio por donde pasan los papeles, que rezaba "Cerrado".
- Hola, ¿le puedo hacer una consulta?
Como única respuesta, la mujer señaló el cartel y se perdió en la desordenada oficina a sus espaldas.
Sin resignarse, pasó a la siguiente ventanilla, donde un viejo con tiradores y visera verde miraba el vacío con expresión absorta.
- Buenas tardes, le quería hacer una...
Algo andaba mal. Desconcertado, miró sobre su hombro, hacia las sillas donde había estado sentado hace un rato. ¿No era este el mismo viejo con el que había tenido aquella breve e infructuosa charla?. No había nadie en las sillas.
Aún con serias dudas, decidió ahorrase el fastidio y se corrió una ventanilla más. Casi previsiblemente, allí estaba la misma mujer de la primera ventanilla, pero con una blusa verde agua en lugar de la fucsia que llevaba puesta momentos antes.
- Hola... ¿está abierta esta ventanilla?
- ¿Usted qué cree?
- Ehh bueno, no veo ningún cartel ni...
- Bueno, ¿entonces?
La mujer estaba siendo muy descortés, pero al menos alguien le dirigía la palabra.
- Todavía no salió mi número, pero como no vi nadie pensé que...
- Adelante- interrumpió secamente la mujer.
Habiendo esperado una negativa casi segura, quedó sorprendido.
- Ah si, bueno, yo... quería consultar, digo, hacer una consulta de... por... bueno en realidad...
- Mire, no me haga perder el tiempo, que hay mucha gente esperando ser atendida -dijo la mujer señalando vagamente en dirección a las sillas.
Miró hacia atrás, pero en esos momentos la sala parecía particularmente desierta.
- Bueno... mi consulta es la siguiente: ¿cuál es mi objetivo en la vida?.
Con aire aburrido, la mujer dijo
- ¿Apellido?
- Salighieri
- ¡VANEGAAAS!
Inmediatamente, entre los escritorios apareció un hombre increíblemente bajo, con raya al medio y bigotes.
- Vanegas, alcánceme el formulario TTRID-224991-232161, es el tomo Ru - Se.
Asintiendo con la cabeza, el hombre desapareció tras una fila de abarrotadas estanterías. En un par de minutos regresó con un bibliorato lleno de polvo, con hojas amarillentas. La mujer lo hojeó unos momentos y preguntó:
- ¿Salgado era?
- Salighieri
Pasó otro par de hojas y dijo:
- Bien, acá está, ¿qué quiere saber?
- Qué se supone que tengo que hacer con mi vida.
- Mmmahá -dijo sin levantar la mirada del libraco.
- ¿Qué?- preguntó tratando de leer el papel que miraba la mujer. Esta, clavándole una mirada aprehensiva, inclinó levemente la carpeta para impedírselo.
- Aparentemente -dijo ella marcando las sílabas- usted no tiene que hacer nada.
- ¿Cómo nada?
- Así es. Nada. No libro. No hacer feliz a otros. No empresa exitosa. No fama. No revelación espiritual. No logros deportivos. No trabajo destacado. No reconocimiento. No liderazgo. Usted, señor Salmonte, no tiene que hacer nada relevante.
- Eh...
- ¿Eso es todo? Bien, buenas tardes- DIECIOCHO!
- ¡No! ¡Momento! ¿Qué quiere decir con "nada"? ¿Qué voy a hacer?
- Su consulta ya terminó, y de todos modos yo no le puedo dar más información que la que ya le dí. Hágase a un lado por favor.
Recibió el empujón de un hombrecito de traje y sombrero verde, apenas más alto que Vanegas, muy parecido, pero sin bigote. Este se puso en puntas de pies y comenzó a preguntarle a la mujer:
- ¿Qué tal? Mire, mi cuñado me trajo a casa una batería de auto, porque parece que el jueves...
Desorientado, se alejó de las ventanillas y se desplomó sobre una de las sillas negras. ¿Qué haría ahora?. Si la respuesta no estaba en la Oficina de Informaciones Varias, no estaba en ningún lado.
- No tengo que hacer nada con mi vida.
Pensativo, repitió:
- No tengo que hacer nada con mi vida.
Lentamente comenzó a hilvanar una idea. No tenía que hacer nada con su vida. No estaba obligado a esforzarse por alcanzar un objetivo. Nada le había sido confiado. Nada se esperaba de él por anticipado. Ese pensamiento lo hizo muy feliz. Era libre de hacer lo que quisiera.
Tomó el tren de regreso, que a moderada velocidad volvía a la realidad, entre pastizales púrpuras y fogonazos blancos. Lleno de alegría, miraba por la ventana pensando en qué delicioso emprendimiento personal comenzaría al llegar a casa. Saber que era dueño de lo maravilloso o de lo desventurado de todo lo que hiciese de ahí en más era lo mejor que le había pasado.
La gran desventaja, claro, fue el tiempo que perdió hasta darse cuenta.

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martes, junio 26, 2007

Cinta

Con movimientos delicados acomodó la cinta entre los cilindros platinados y los delgados pernos metálicos. La precisión era excluyente para ese fino procedimiento. La lámpara , ojo de pescado y caramelo, irradió luz y calor de Ohm sobre sus dedos. Estaba listo.
Un chasquido marcó el inicio de la toma. Las luces amarillas y las sombras sobre la madera ahora dominaban la escena. Le resultaba muy poético su pequeño experimento. Tomó asiento y el cuero de la silla crujió. Ahora la proyección anaranjada se distorsionaba sobre su cuerpo. Aún más cuando levantaba sus manos y las contemplaba.
El mundo, el mundo compuesto, el mundo compuesto de luces y sombras proyectadas sobre su rostro era a su vez capturado por la cámara que lo apuntaba.
Sonrió, miró hacia abajo. Lo estaba logrando. Levantó la cabeza. Dijo:
"Este es mi experimento. Este es mi experimento. En la calle, en los bares, caminando por la acera yo lo imaginé. No es mi legado, es sólo algo que soñé. Es algo que construí con las manos. Estas manos. No lo comenté con nadie; tal vez sea algo íntimo. En la calle... hablo, no sé. Hablo con los demás de cosas cómicas y absurdas. Y le doy así tinte a las cosas que leemos en los diarios, hasta que son una sola cosa. Pero acá soy distinto, o al menos puedo ser distinto. Esto es algo importante para mí. Es para cuando lo quiera ver, y cuando pueda decirme con orgullo que yo hice esto. Porque para mí es bello. Y tal vez me paralice, sonriendo, y con desconcierto. Porque traté de hacerlo sin fraseo, sin el fraseo de la lógica. Estas imágenes... aquí... y aquí... ah! esta!... Bien; así es."
Sonrió a la cámara por unos segundos más, ya en silencio. Cerró los ojos dejando que las curvas de luz y sombra lo recorriesen por última vez. Se apagó la luz del ojo de pescado, e instantes después se terminó el rollo. Con los mismos pasos gravitantes con los que se sentó, se acercó a la cámara y retiró el rollo. Lo envolvió en un paño amarillento, lo volvió a su caja de madera y terciopelo, y acomodó la silla. Ya había terminado.

lunes, mayo 21, 2007

Suerte

Ahora todo el mundo en vez de desear suerte, desea "éxitos".
Yo no quiero que me deseen éxitos.
Los éxitos dependen de mis capacidades, y mis capacidades, bueno, son lo que son, ahí están.
Lo que necesito que me deseen es suerte, porque la suerte es esquiva.
Mis capacidades son mensurables... la suerte es imponderable.
A mí deseenme suerte, porque es más difícil de tener.

jueves, mayo 10, 2007

Especular

pasado odasap
destino onitsed
flores serolf
intensivo ovisnetni
alameda ademala
noviembre erbmeivon
anfibio oibifna
silencio oicnelis
cualidad dadilauc
antiguo ougitna
partiendo odneitrap
inerme emreni

viernes, mayo 04, 2007

Exquisito

Estoy un poco ausente, pero no desaparecí. Acá les dejo algo que me gusta.
Cadaver exquisito, de Pau y mío.

Tocar el cielo, que vasto y generalmente azul se alza sobre nuestra cabeza. Sin embargo no siempre, de noche mejor que antes. Porque supe que de ese modo podría lograrlo. Pasaron muchos días que pasé jugando con cosas terrenales y con sentimientos también. Tal vez porque era divertido, o trascendente, será si se lo permiten convertirnos en alguien mejor. Aunque eso es discutible, ya no tengo verdaderas referencias de algo que nunca fue por mucho tiempo. Está bien, no hay verdaderas razones para arrepentirse. Tal vez mejor hubiese sido su tiempo y espacio también pasó. De todos modos ya había terminado, por lo que me pareció bien salir a respirar, ver y tocar, para estar mas cerca, para reconocer mejor. Y, lo mas importante, para recordar.

martes, abril 24, 2007

Vengadora III

Después de un hiato importante, el obstinado regreso de mi... coso este.

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viernes, abril 20, 2007

Aroma

Solía pensar que la memoria olfativa es la más fuerte. Si bien ahora no estoy seguro de eso, sigo pensando que es la más específica. Tal vez uno no recuerde con certeza el aroma de la casa de su infancia, o el de cierta persona cercana. Pero en el instante en que se lo percibe, el recuerdo se precipita con ímpetu a la superficie. Como al sentir pasajeramente un olor en la calle. La ciudad es agresiva con respecto a esto, ya sea por la superposición y continuidad de comercios, o por las personas en sí mismas. Recuerdo que mi amigo Val me comentó cierta vez que lo que más le disgustaba de trabajar en un cyber era el constante ataque al olfato. La gente que ingresa, continuamente trae su olor. Uno tras otro tras otro... No necesariamente eran olores desagradables de por sí; lo chocante era el bombardeo de información.
El aroma de las personas es muy específico también. Y es muy importante. Sentir el olor de la persona que uno quiere es hermoso. Llena por dentro, provoca una sensación indescriptible. No quiero entrar en el terreno científico y hablar de las feromonas. Si bien éstas pueden estar relacionadas con dicha sensación, creo que hay más que eso. La atracción es imposible sin este condimento. Cierta vez hablé con un amigo de esto, y me contó que en una ocasión estuvo con una chica cuyo aroma le disgustaba. No era un mal olor, era algo natural; simplemente no le agradaba. Está de más aclarar que tener sexo con ella fue una experiencia muy poco gratificante.
Percibir el aroma de quien uno desea, por supuesto, es todo lo contrario. Sentirlo en la ropa, en las sábanas, en las manos, casi trae de nuevo el contacto de la piel. Sentirlo en otra persona por la calle duele, porque no está ahí.
No tengo una verdadera conclusión para todo esto. Solo lamento que en este momento mis manos no huelan de cierto modo.

martes, abril 03, 2007

Yodo

El paraguas me engañó nuevamente, cruzando su maltrecho rayo en una suerte de despliegue a contramano. El chorrillo de agua me regó la sien, y con resignación me paré, amurado contra el pilar, a cerrar y escurrir el dispositivo. ¿Qué tal si me quedo acá?. Con un poco de suerte nadie va a notar mi ausencia. Hace frío, pero este lado del pilar no recibe tanta lluvia. Podría...
Me perdí mirando la canaleta juntar agua. Me perdí mirando la superficie del arroyito. Las luces naranjas, siempre las luces naranjas de yodo, el alumbrado reflejado en el charco, y el ruido de las cubiertas de los autos sobre el asfalto mojado. La vida se reduce a esto. A las noches de lluvia en esta calle. Siempre.
El chirrido de los frenos mojados del colectivo, y el soplido de las puertas hidráulicas. Las gotas naranjas en el vidrio, gotas de yodo. El olor del barro sobre la goma, y el ruido del calzado en el pasillo. El aroma sobado a cuero sintético de los asientos, y la tinta del boleto en los dedos. Primera, segunda, tercera, freno. Puerta, tarjeta, sonido a boleto y asiento. Uno, y otro, y otro. La puerta se abre y baja alguien. Entra el frío y el ruido de la calle.
Si, estaba en el colectivo otra vez.

lunes, marzo 19, 2007

Recital


No podría ni empezar.
El post en D# es totalmente alusivo.

jueves, marzo 15, 2007

Presentismo

Interesante. Son extractos de un artículo de Le Monde Diplomatique acerca del individualismo en el capitalismo, a su vez basado en 4 ensayos de Olivier Rey, Daniel Bougnoux, Eva Illouz y Micky McGee.

"(...) la libertad no puede existir más que sobre un fondo de renunciación: sólo comienza a desarrollarse cuando los límites son percibidos e integrados. La libertad individual, basamento de la democracia y condición para su perennidad, implica que el ciudadano se sepa mortal e hijo de mortal, uno entre otros, que rechace la ley del más fuerte y acepte reglas que le permitirán vivir en conjunto con otros. Ésta es la razón que le lleva a no limitarse sólo a sus impulsos, con el fin de poder, humano entre los humanos, contribuir a una historia común, y también escribir su propia historia. Es la razón que le hace comprender que el otro no es una cosa, sino un “yo” como él; es la razón a la que el ser humano le debe la humanidad, que lo hace capaz de tener derechos..."

"Desde el cochecito reformado, en el cual se supone que el niño aprehende libremente el mundo, separado de la mirada de los padres que le permite otorgar sentido a lo que ve, hasta el deslizamiento de la ciencia hacia la técnica al servicio del mercado, de la sustitución de la creatividad por el estudio del patrimonio literario, hasta el lugar que adquiere la clonación en la prensa y el imaginario, Rey da a leer un mundo que parece haber olvidado que la libertad se construye con la razón. Este mundo está en pleno acuerdo con la concepción económica liberal que se ha desarrollado precisamente al amparo de esas mismas ideas de liberación y de respeto del individuo sutilmente falseadas, “de la misma manera que, según los preceptos liberales, se supone que una mano invisible garantiza la prosperidad general, para que los hombres abandonen su pretensión de intervenir en la economía y se preocupen sólo de su interés personal, así también la auto-organización conducirá a los seres a la plenitud y a la felicidad”. En una sociedad en trance de “desinstitucionalización generalizada”, citando a Dany-Robert Dufour, el individuo está solo, conminado a auto-crearse, totalmente liberado de las restricciones, liberado de la razón, libre, locamente libre para escuchar los pedidos de su inconsciente y los del mercado, que no ama nada tanto como satisfacer sus pulsiones arcaicas."

"La importancia que se otorga a la expresión de sí mismo, esa aspiración a un mundo sin trabas, fuente de gozo, va a agrupar las manifestaciones bajo el expresivo término de “presentismo”. La constatación que establece es clásica, pero llamativa, porque ofrece una visión de conjunto: desde la prensa que requiere una lectura emocional al reemplazo de la “gran novela” de antaño por la “auto-ficción”, revestida del encanto propio de la modernidad: verdad de la confidencia, realismo del relato, proximidad entre el héroe y el lector; del clip al spot, pasando por el “live” (en vivo), lo directo, la interactividad, que permiten adherir “de veras” a lo que se da a ver, permitiendo creer y participar en ello, algo que a su manera también presentan las “instalaciones” y “performances”, con frecuencia dirigidas hacia el “efecto de lo real” y el compromiso “activo” del espectador..."
"(...) por complacerse demasiado en la “intoxicación emocional” que procuran todas esas bocanadas de “realidad”, podría terminar por desviarse hacia el olvido de la “cosa común”, y hacia los sueños o pesadillas, íntimas. En efecto, ¿qué ocurre cuando los individuos ya no tienen curiosidad por lo que afecta a su propio mundo, que es en gran medida lo que puede suceder con internet (aun cuando no pueda reducírselo a ello)? ¿Qué ocurre cuando se prefiere lo que actúa directamente sobre los nervios –la inmersión en la fiesta, la comunión con un sentimiento compartido, la “presencia pura”– al hecho de poner a distancia, poner en símbolos, en diferido, en resumen, cuando se prefiere lo “vivido” a la representación? Entonces, “se salta el recodo de una mentalización y su filtro crítico”, el “cuerpo a cuerpo” hace corto circuito con la razón, sella una adhesión sin debate, la representación desaparece en beneficio del surgimiento de “la vida”, lo que torna superfluo sino imposible cualquier puesta en perspectiva; como muy bien dice la expresión juvenil “pasarlo bomba”. El sentido-significado es pulverizado por el sentido-sensación, que basta para su legitimidad. Esto crea una “comunidad reducida a los afectos”, que no tendrá otro mundo común que lo común del narcisismo, y no habrá otro criterio de pertinencia de una obra que la fuerza del efecto producido instantáneamente, lo que, por otra parte, fue siempre muy bien comprendido por la propaganda de los regímenes totalitarios, grandes expertos en espectáculos de fusión."

"Como Olivier Rey, Daniel Bougnoux es un buen “inquietador”, y estos dos ensayos insisten en la peligrosa confusión operada entre masificación y democratización, al precio de una grave distorsión de las nociones de libertad y de igualdad. Pero aunque la inteligencia de estos ensayos regocija, planea sobre el lector la sombra de un profundo abatimiento, porque ya no se sabe muy bien qué pensar de esta evolución hacia un narcisismo destructor, tanto de la persona como de un proyecto colectivo. ¿Será que el ser humano tiene una naturaleza mala en el fondo, espontáneamente inclinada a privilegiar la satisfacción de sus deseos, y espontáneamente consagrada a la pasividad ante sus instintos egoístas? Esta crisis de los “valores”, crisis de la interioridad, crisis del contrato social, ¿es el sentido mismo de la historia de las democracias ricas? ¿Hay un encuentro fatal entre la evolución de las democracias y los valores preconizados por el liberalismo económico?"(1)

- o -

El artículo es mucho más extenso y rico... no me quiero imaginar lo que deben ser los ensayos.
Si bien por momento estas opiniones me parecen ligeramente retrógradas, no puedo afirmar que son erróneas. Me parece remarcable que señalen que la individualidad hoy en día está marcada por el consumo y por la "customización" de la persona. Un ejemplo clarísimo de tanto esto como de la tendencia a la "intoxicación emocional" son los blogs. Ese tema dá para largo y no quiero desviar la atención de lo que comunica este post.

Personalmente, concuerdo con la idea de que la individualidad debe surgir del análisis y de la reflexión crítica de lo que uno absorbe. Eso, lo podemos comprobar diariamente, se está perdiendo. De todos modos, lo que esto depara es tan negativo o distópico como uno quiera pensarlo. Tal vez estas cosas no sean tan perjudiciales como parecen. El tiempo dirá para dónde evolucionan.



1. Le Monde Dipomatique Edición Cono Sur online, Info Dipló II "La plenitud individualista", Marzo de 2007.

lunes, marzo 05, 2007

Blando

Yo, D., soy blando. Soy blando, sensible y malo, pero quisiera ser fuerte y bueno. Es así de sencillo. Es una ficha del tamaño de la luna del 4 de marzo que me cayó este fin de semana.
¡Pero me siento endiabladamente bien!
Porque puede ser (puede ser) que yo pueda hacer algo al respecto.
Verán, aparte de lo que mencioné, soy inocente. Más inocente que las personas de mi entorno que yo creía más inocentes. La gente a mi edad, mi novia, mis amigos y demás NO SE COMEN NINGUNA. Me corrijo, también pecan de inocentes a veces, pero yo bato el record. Y para colmo cuando me siento lastimado escupo ácido... honestamente no sé cómo me soportan.
Aparentemente, entre devaneos me perdí un montón de cosas que todos parecen haber aprendido muy bien. "Como manejarse", "vos sabés cuando da", "sólamente pasó", "es sólo eso". Chino básico para mí. O sea, lo entiendo cuando me lo explican, pero nunca lo viví. No sé qué estaba haciendo yo cuando se supone que tenía que avivarme. ¿Estando de novio? ¿sacando un tema de dylan en la guitarra? ¿estudiando reacciones heterogéneas? ¿jugando al mortal kombat?. Soy un chico, y todos crecen a mi alrededor. Son todos estudiantes colgados, y yo soy un "gran ingeniero". Pero soy un nabo.
E pur, hoy soy un nabo contento. Un nabo que comprendió un par de cosas, y que cree que puede cambiar, gracias a algunas palabras oportunas.
Soy blando, pero me pican con el dedo y les arde. Y no sé porqué, pero salí muy sensible. Entonces los que me quieren bien se cuidan de lo que me dicen, para no dañarme y para no ser salpicados por mi acídica hiel de la defensa. Pero yo entiendo que me quieren bien, y si ven más allá de mi berrinche, sabrán que soy capaz de razonar y que puedo comprender. Espero dejar el ácido de lado, asi no le temen a darme la verdad que siempre les pido. Es un compromiso mío.



"I will not change, and I will not be nice... most people keep their brains between their legs"
Morrissey - Such a little thing makes such a big difference

¿En que parte de la sentencia estarás errado, Moz? Espero que en ambas.

viernes, marzo 02, 2007

Siempre

Ahora sos parte de todo. Ahora soltaste esas cintas, a veces dulces, a veces tiranas. Ahora sos parte de nosotros tambien. De los que te quisimos de verdad. Ojalá hubieras tenido más de esos alrededor... pero a veces te toca, ¿sabes?.
Yo no estoy mal por vos H. La pena que yo pueda tener es netamente egoísta, de no verte más por acá. De querer y no poder tener otro recuerdo más que se sume a los que tengo. Y tal vez de pensar que la vida de tu hijita va a ser un poco más dura.
Pero vos estás bien. Ahora el tiempo no significa nada para vos, y el dolor tampoco.
Ahora sos libre.

Hasta siempre H.




lunes, febrero 26, 2007

Posesión

Si yo lo definiese como un veneno que escurre en hilos dentro mío, estaría evadiendo mi responsabilidad. A veces lo siento así, pero es una ilusión, porque yo sé que estuvo dentro mío siempre.
El impuslo de ser posesivo me desgarra en dos. Me subyuga, pero extrañamente sé que está mal. No puedo evitar sentirlo y que se revuelva dentro mío, pero a la vez puedo asomar la cabeza y darme cuenta que así nunca voy a ser feliz.
Me vuelve irracional y me hace sufrir, me empuja al asqueroso barro de los celos. Mancha el amor que tengo por ella, y si fallase en controlarlo nos llevaría al fin. Me hace sentir cosas horribles, hace que su libertad me provoque dolor, me nubla el pensamiento y genera confusión y equívoco.
Yo no soy una víctima, soy el victimario. Y no puedo limpiarme. Ella dice que puedo cambiar. Lo dice porque tiene la capacidad de cambiar mes a mes. Yo no. Hasta me dijo que ella también lo sintió durante un tiempo, y que también le dolía mi libertad, pero que ahora lo superó.
Pero yo creo que no es lo mismo, y no entiendo como puede cambiar así. Yo lo vengo combatiendo desde hace mucho. Distintas manifestaciones de esto me llevaron a fracasar en el pasado. Y si bien esta vez sí estoy luchando, porque no quiero que ella se aleje de mí, la posesión me derrota en muchas batallas.
¿Por qué no puedo divertirme 100% cuando no está? ¿por qué odio que ella sí pueda? No quiero seguir consumiéndome así. Ojalá un día la extrañe con felicidad.



jueves, febrero 22, 2007

Amigos

Me gusta mi gente. Me gusta hablarles en la madrugada. Me gusta mi gente, que es despierta. Que no habla al pedo sino cuando es estrictamente necesario. Que sabe reirse de sí misma, de su ignorancia y hasta de su propia resistencia. Mi gente, que no olvida. Que teme por el mundo y se resigna con dolor, porque sabe. Que comparte, y que siente emoción al compartir, igual que yo.
Me gusta mi gente, que no sale a combatir por un mundo mejor, pero al menos conserva la vergüenza. E intenta separar la paja del trigo. Y que teme por la muerte de la significancia en la vida de todos nosotros.
Me gusta mi gente, que habla de todo sin prejuicios. Me gusta mi gente, que sabe de lo que le gusta, y lo comparte.

Me gusta mi gente, que no deja de ser gente porque a mi me guste.

viernes, febrero 16, 2007

Chico II

Esta podría haberla subido para el 14 de febrero. Pero bueno, nada.



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lunes, febrero 12, 2007

Vista

Amigos, lectores, detractores, críticos, passers-by y curiosos:
Reiteradas quejas acerca del color de la plantilla de mi blog me llevaron a probar este cambio. Si les gusta, haganlo saber. Si prefieren la vista negra, tambien. Alguna sugerencia también pueden hacer, pero tengan en cuenta que este color lo logré poniendo numeritos al azar donde decía color, porque lo que se de HTML es intuitivo. Asique no pidan "el footer de los comments ponelo en color salmón", porque no sabría como. Desde ya, muchas gracias.

D.

PD: Aguanten los Ruloman

viernes, febrero 09, 2007

Vengadora II


Click para vedere en grande.

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martes, febrero 06, 2007

Dijo

La persona que amo pasó por mi blog
Me dijo que le pareció bien
Que algunas cosas eran muy buenas
Que otras le gustaron mucho
Que otras no le gustaron pero estaban bien escritas
Que otras eran malas
No atiné a preguntarle si le gustó Chico Suicida
Después me escribió que realmente no me conoce, despues de tres años
Y que todavía no confía en mí
Yo me pregunto si es mi culpa
Si malgasté todo ese tiempo
Porque no obtuve lo único que quise obtener
No puedo estar Cerca

Ella le dijo a otra persona que no tiene con quién hablar

y yo ya no tengo ganas de hacer nada de este mundo

viernes, febrero 02, 2007

Corrompe

Corazón pequeño y entintado de espeso rojo sostiene entre sus dos manitas. El pelaje del animalito es brillante per-sé. Se mantiene en dos patitas y mira. Su expresión de desconsuelo fue robada por los hombres en algún momento, y tomada como propia. Tal vez esté muriendo. No puedo sino llorar. Se desploma el mundo como una masa compacta de agua, no puedo arrancar voz alguna de mi base. Hay preguntas que no puedo ni formular. Entretanto la vida del animalito se escurre como una representación burda del tiempo. La situación se mofa de mí y me escupe esa metafora tonta. ¿Ves? este animalito se desangra, respira pesadamente, se muere para que vos entiendas o creas entender un concepto que no te va a ser de ninguna utilidad.

Entonces entendí. Pisé el animalito, y renqueando levemente por la viscosidad en mi suela izquierda transité la senda de pesados bloques de concreto. No iba a pensar más. El concreto me iba a vestir y a llevar una de sus torres de blindex, desde donde podría hacer dinero. Sin pensar. Como los que me rodean. Porque el dinero es importante ¿verdad?. Mucho más que pensar. No me animaría a comparar las ventajas y desventajas, a pensar qué es menos duradero, mis pensamientos póstumos o mi cuenta bancaria. Voy a olvidar a mi animalito, voy a olvidar los pensamientos e incluso voy a olvidar la torre en la que reposo. Y a hacer dinero. Porque es lo que todos hacen, y debe estar bien.

martes, enero 30, 2007

Chico

Me la escanearon un poco torcida, pero bueh, acá está Chico Suicida No 1!!




Mas horriblemente dibujada que nunca!!!

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jueves, enero 25, 2007

Hablan

- ¿por qué te agrado?
- porque sí
- vos elegís qué parte de mí querés ver, no me ves tal como soy... así es fácil
- ¿y está mal eso?
- para mí sí
- todo el mundo elige qué parte ve de los demás
- si, puede ser
- de nuevo, ¿está mal eso?
- sí
- ¿por qué?
- te estás engañando
- ¿y está mal eso?
- ... no sé

jueves, enero 18, 2007

Vengadora

Esto es algo que venía pensando publicar, pero no me terminaba de convencer. Tal vez no cuadre mucho con el blog, pero no deja de ser un eco mío. Cada tanto van a ir apareciendo, asique espero que les gusten. No siempre van a ser graciosas, y casi nunca buenas, pero a mí me gusta hacerlas. Sepan disculpar: no sé dibujar, pero también me gusta. Acá va


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martes, enero 16, 2007

Lacustre

Soñé con una casa hermosa que estaba a la venta; había pertenecido a un escritor famoso. Estaba ubicada a la orilla de un lago de agua muy azul. Pero detrás de la casa había una pequeña escollera, y las aguas más allá de la misma eran celeste brillante. La playa era de piedritas blancas, y cuando el agua se retiraba dejaba el mismo brillo. Corrí a la casa a buscar mi celular (?) para sacar una foto, pero no lo encontré. La casa por dentro estaba bastante descuidada. En ella había gente de mi trabajo y de otras partes. Entré a una habitación y estaba P. cambiándose, pero no me dejó pasar.
Creo que después subió la marea, y se levantaron olas de color verde oscuro. El agua estaba sucia. Y se me hacía tarde tarde tarde...

martes, enero 09, 2007

Cerca

La frontera alrededor de una persona que traspuesta por otra represeta una incomodidad tiene un radio variable. El límite del espacio personal no solo varía de persona a persona, sino de cultura a cultura. Los norteamericanos tienen grandes espacios personales, no les gusta ser tocados. Los latinos tenemos espacios más pequeños.

La violación del espacio personal produce estrés. En situaciones en donde esta trasposición es forzada, como en un ascensor, la gente tiende a minimizar los movimientos bruscos, el contacto visual y los tonos de voz elevados para reducir la fricción. (1)

"En ciertas circunstancias, la gente puede aceptar la violación de su espacio personal. Por ejemplo, en los encuentros románticos la tensión de permitir distancias personales más cortas puede ser interpretado como fervor emocional." (2) Entonces eso era? No me gustaría creerlo.



miércoles, enero 03, 2007

Dormir

Dormimos mucho. El cansancio nos cansa. Un tercio de la vida - más. Cuántas cosas haríamos si no tuviésemos que dormir - cuánto tiempo malgastaríamos si no tuviésemos que dormir.
¿Y cuántas cosas nos perderíamos? respuestas, asociaciones que nunca nos atreveríamos a hacer despiertos. Nadie puede afirmar que jamás dió algún paso más o menos trascendental en su vida impulsado, casi irracionalmente, por un sueño - ¿irracionalmente?, nunca.

Viviendo armamos los puentes y los edificios de lo que vamos a soñar; hiriendo y subyugándonos en forma alternada espesamos el elenco. Con melindrosas inacciones y medias seguridades bocetamos el guión. La dirección artística nos escapa - no siempre.
Cuando llega el momento, cuando nos sumergimos, estamos casi a la deriva. No hay borde de la pileta, a menos que llegue el veneno de la conciencia. En ese caso, cuando se tiene la certeza de que se está soñando, todo se deshilacha de a poco, o se vuelve plástico - si, pierde la gracia. Aunque se fuerce el vuelo porque 'total, es un sueño', ya no es lo mismo que si esta divina gracia nos hubiese sido concedida inopinadamente.
Soñar es fundamentalmente triste. Es un anhelo, una amenaza o un miedo. Como toda tristeza, nos puede hundir, o nos puede retar a ir más allá. Por cualquiera de esas razones, necesitamos soñar. Como un desvío evolutivo, como un accidente que nos colorea, soñar nos constituye. Es lindo. Igual que dormir.
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No olviden visitar mi subblog de memorias, D'. Hay un nuevo post relacionado.

jueves, diciembre 28, 2006

Inocencia

Estaba por hacer una broma por el Día de los Inocentes...

... pero me acordé que la inocencia ya no vale nada.

miércoles, diciembre 27, 2006

Overnight

Murmullo de galope
y dedos que derrapan,
puente de torax como arco en oscuridad
pies y frío de cerámica blanca,
batalla naval abarcada
cavidad solar del plexo
simetría aproximada.
Gusto a sal y el pelo
abandono y me quedo me quedo,
no pesado y no desvelo
paralelo comienzo,
mas trascender no puedo:
fuerza en toda dirección
estática y flujo de fuego.
Agua en los poros
se cierran los dedos
otra vez se pone en blanco el cerebro
esta vez por mí por mí por mí
y no te dejo;
risa, derrotados del mal certero
tranquilos nos vence el sueño.

martes, diciembre 26, 2006

Pulso

Necesito estímulos. Incluso en mi Seaside Town (that they forgot to bomb) tenía más que aquí. Lo intento, de veras. Hago, trato de hacer. Este blog es el fruto uno de esos intentos. Tal vez algún día puedan ver por este medio otros de ellos. Intento cultivarme: leo, escucho, miro, recorro la senda del puño vacío... Intento devolver: escribo, compongo, dibujo, ejecuto mis katas.
Tal vez no me alcance. Tal vez todo se agrave con su ausencia. Tal vez sea el trabajo, o la presión que yo solo me pongo.
Ya no es válida la excusa de que no tengo nada que decir. Aquella con la que me impedí por años hacer algo verdaderamente valioso para mí. La que se asoció al temor de buscar algo más, otra cosa.
Ya veré, voy a pensar. No sé cuanto tiempo permaneceré en esta ciudad. Tengo otras posibilidades aún. Mientras tanto debo redoblar ms formas de expresión. Y por lo demás, es como me dijo mi hermano: las cosas eventualmente caen en su lugar.

domingo, diciembre 24, 2006

Aquì

Estoy en Sobremonte. 80s 90s speed c/vodka y melon, gin tonic, piel de iguana, ella lejos... todo muy raro.

martes, diciembre 19, 2006

Libre

Despertame, porque no hay ruido que alcance. Despertame que no sé que hice anoche, y tengo miedo de ser de piedra. Despertame que no puedo volver a soñar con vos. Despertame que ya es de día.
Pero no me toques. No me vuelvas a tocar. Desencadená una tormenta en el cubículo, porque estamos perdiendo el tiempo rápido. Sobre una tela muy suave se desliza sin agarre, y todo por algunas complejidades que consentimos cierta vez.
Son muchos pisos de caída, y no me merezco tal suspenso. Ni el turbio fondo del río. El fin llegará de tu mano o nada. O de un pájaro de fuego, pero tampoco lo valgo.
Una inmensidad rural isotrópica es lo que nos toca como condena, porque vos y yo no lo hubiéramos querido. Pero incluso allí puede haber barro, oscuridad y ciénaga, para darnos de qué temer. Para asirnos y pintar tal vez. Porque de otro modo según vos seríamos prisioneros.
Yo no.
Es que no era libre de antemano.

lunes, diciembre 18, 2006

Bien

Me enteré por algunas fuentes que no es que mis post apesten tanto últimamente, sino que existen algunos problemas con los comments (fiuu!). Leí en un lindo blog que si ponía los comments en una ventana pop-up se arreglaban los dramas y todos podían comentar. Bueno lo hice, si quieren prueben, y sino aguarden hasta mi próximo post, que no tardará en venir. Saludos amigos bloggers y no bloggers!

miércoles, diciembre 13, 2006

Fin

Bajé la escalera. Eran algo así como las 12:30 del mediodía. La planta rugía al pie de la rutina. Ruido para muchos, la sinfonía del progreso para pocos, algo incomprensible entre esas dos cosas para mí. El sol era implacable y coreaba junto a la radiación del reformador, como suele ser a mediados de diciembre. Se estaba tanto mejor en la oficina con aire... pero algo hay que comer.
Fue bastante rápido en realidad. Algún fallo en el PLC, alarmas que no sonaron, transmisores saturados, quién sabe. Alguna válvula cayó silenciosamente, y nada ni nadie lo notó.
Muy, muy rápido. El conducto estaba obturado, pero los compresores continuaron empujando. La presión subía exponencialmente, y la temperatura la acompañaba. En microsegundos apareció la feroz postcombustión, y la pared cedió...
Un estallido grave, seco y potente se dejó oir por todo el pueblo. Primero me golpeó la onda de choque, distorsionando el aire a 320 metros por segundo y arrasando hasta con el polvo. Mi reacción no llegó sino hasta que comenzaron a envolverme las lenguas de fuego que despiadadamente se agolpaban por salir del equipo en explosión. Absoluto calor en una fracción de tiempo despreciable, y luego, extrañamente, frío.
La enorme flama consumió el oxígeno circundante, por lo que la materia orgánica de mi cuerpo no alcanzó a combustionar antes de volatilizarse bajo la brutal temperatura. Los impulsos eléctricos de mi sistema nervioso de algún modo perduraron unos instantes más, sólo para sostener la nota de desconcierto que se había gestado en los dos segundos que duró todo.
Luego nada. Nada. No negro, no blanco.
Nada.
Y así como la nada, llegó todo. Ahí estaba yo, viendo suspendidas en el aire las llamaradas anaranjadas. Bueno, "estaba" es una palabra ambigua, en este caso. "Viendo" también lo es.
Pero a falta de palabras, ahí estaba yo, viendo no sólo las llamas y los trozos de metal y la onda de choque en una esfera de 500 metros de radio, sino todo.
Podía (sentir, ver, percibir, saborear, intuir) la ciudad, el río, torres extrañas, hielo. Las cosas no eran como antes. Se había perdido el sentido, se habían perdido los sentidos. Las dimensiones eran para mí. No había lejos ni cerca. Tampoco había segunderos; el tiempo era como otra cara más de un cubo.
Todos los rincones de este hogar (y los de las estrellas, que ni me atreví a sondear).
Un lago marrón y las aguas que se perturbaron.
El batir de una imprenta asiática.
Hamacas sincronizadas, hacia atrás y hacia adelante.
Patrones en el tráfico.
Alguien que salta más alto que nunca.
Casitas blancas con las puertas abiertas.
Un vestido floreado que cae.
Cede un puente al noroeste.
Orugas verdes divergen de un tronco.
Muchos desiertos de distintos colores, hasta hay uno blanquísimo.
Risas.
Algunos que se me unen, más pacíficamente, más violentamente.
La veo a ella, que intuye que algo anda mal (te amo, chau!).
Una carrera de caballos.
Cuevas húmedas sin entrada.
Musiquita.
Pero a la vez que conozco, me diluyo. Comprendo todo, pero no me emociona ya. No siento porque me diluyo. Me diluyo porque soy uno con todo.
Entonces, ¿así es?. Ahora lo sé todo (pero no lo necesito).
Mientras más veo y más comprendo, menos identidad tengo.
Hasta que lo sé todo porque soy todo.
Pero yo ya no es nada.
Entonces, así es.

lunes, diciembre 11, 2006

Isla

Hay un puerto con muelles de oro libre de profanarse, al que sólo se accede buceando. Para llegar, uno debe aproximarse por vía marítima a la playa norte de la isla de la Decepción Arcadía. No es una metáfora, ése es el nombre de la isla, lo siento. Las coordenadas se leen en las hojas de ciertos árboles cierto día del año. No sé cuales árboles, ni qué día; si lo supiera estaría si bien no en el puerto, probablemente en las playas de arena pálida. Las playas tienen un no se qué de abandono. Uno pierde algunos filtros allí, es verdad. Nadie es igual cuando regresa de la isla. A lo sumo, aproximádamente igual. Pero esto no lo puedo explicar en líneas.
Bien, estando a una determinada cantidad de millas de la playa norte (no sé cuantas... nunca leí las hojas) se debe detener la embarcación. La única vía posible al puerto, hasta entonces invisible, es sumergirse. Solo. Sin equipamiento.
Aquí es donde las historias divergen. Algunos sostienen que se debe tocar el fondo donde los corales forman una "o" vertical. Otros dicen que se debe ignorar la "o", y buscar en cambio una "v". Autores afirman que no hay oes ni ves, y que el pasaje aparece sólamente si uno realmente quiere llegar al puerto. Como es previsible, estos Autores han sido tildados en reiteradas ocasiones de sensibleros, escritor-de-libros-de-autoayuda, y otros epítetos agresivos con distinto grado de irrepetitividad.
Después de ese pase desagradable, las historias vuelven a converger para establecer que el tono azulado del agua cambia apenas perceptiblemente al tocar el fondo en el lugar señalado. Eso indica que el acceso al puerto ha sido garantizado.
Al emerger nuevamente, lo más probable es que la embarcación haya desaparecido. Esto no es de mayor preocupación. Si el sujeto no supiese nadar, una embarcación dorada, sencilla, lo recogería de las aguas. Paso a describir brevemente la embarcación: dorada, sencilla. Amplío un poco la descripción: no tiene asientos, la conducen dos personas con atavíos blancos y largas garrochas. Lo sé porque he visto fotografías de origen tan solo un poco dudoso.
A esa a distancia el puerto dorado ya es visible. Aquí me baso en los puntos en cumún de los numerosos relatos. Dejo afuera los de los Autores, porque son verdaderamente empalagosos.
Desagradable.
El puerto aureo cuenta con dos muelles bajos, que a primera vista parecen perféctamente simétricos. A tercera vista se pueden apreciar los pelos dorados debajo del muelle este. La viscosidad de las aguas se incrementa paulatinamente al acercarse, así como su verdor. Los muelles en sí están hechos de ladrillos de oro dispuestos horizontalmente. La estructura está bordeada por listones de madera que en realidad son de oro. Cuerdas de oro coronan el exterior de cada brazo, luciendo pequeñas boyas de oro hueco y poroso. La obtención de este particular metal es material para otro extenso relato. Pero créanme, no incluye duendes.
La actividad del puerto varía temporada a temporada. La pesca y el clima son irregulares, contrariamente a lo que sucede en la isla normalmente. En varias ocasiones la nieve ha retrocedido ante las dársenas.
Perpendicularmente al muelle corren dos chozas, que no son de oro. La primera es, por supuesto, una cantina. De la cantina mucho se puede decir. Diremos poco: piratas amables, que no se sabe de dónde vienen, bellezas inenarrables que a la luz del día no tanto, y la peor hidromiel de todos los puertos escondidos.
Lo verdaderamente interesante es la segunda choza. Allí se encuentran los pilares del secreto del puerto.
Flippers.
Flippers tupido. Montones. "El que vos quieras", afirman los Autores. Más pesimistas aventuran "a lo sumo, el de las Tortugas Ninja". Estos flippers son réplica exacta de los que se podían hallar en cualquier casa de entretenimiento hasta hace unos 11 años, con tres salvedades: les falta el vidrio, dan patadas, y todas las bolas son de plata, sin excepción. Pero lo importante, es que si hacés high score en uno de ellos (el cuál es información que no se halla en las hojas), en el display te aparece uno de los 7 secretos de la vida. Claro que nadie pudo hacerle high score a ese flipper.
A lo sumo, multiball.